Como dice Paloma Arroyo ”Los pueblos evolucionan, ellos más despacio, pero poco a poco, también van perdiendo parte de su identidad y una estupenda forma de que perduren en el tiempo es la fotografía y la pintura´ Carlos Gorrindo lleva más de cuarenta años pasando sus vacaciones en Lagartera, pintando cuadros, que le ha permitido conservar imágenes de cómo era el pueblo, un bonito regalo para recordar cómo era Lagartera hace unos 40 años.

 En estos paisajes del 1979 (óleo sobre lienzo), se ve que la superficie construida del pueblo era más pequeña, aunque antes había más habitantes.

Se nota mucho la expansión del pueblo en estos dos cuadros, ambos del 1982, realizados en óleo sobre lienzo, que muestran los olivares donde ahora está la residencia.

Aquí se ve la Avenida Maestro Guerrero en 1980 (óleo sobre lienzo), con los colores suaves que predominaban antes. En las plantas de arriba hay algunos ‘solanos’, habitaciones con una ventana grande que cubría casi toda la pared, donde cosían las mujeres en invierno.

Se aprecian otros detalles en este cuadro de la calle Licenciado José Muñoz en 1979 (óleo sobre madera). Antes, había más rejas ornamentales, como se ve a la derecha en este cuadro. El campo entraba más en el pueblo, simbolizado por el carro. Y la mayoría de las calles estaban sin pavimentar.

Las casas de los labradores tenían puertas grandes para que entrasen carros, y espacio para ganado, además de un patio para personas. Las casas más pequeñas sólo tenían una puerta que abría en un patio.

Aquí se ve una puerta en la calle Condesa de Orgaz en 1990 (óleo sobre lienzo). Por fuera hay una pared pintada con cal, y por dentro, en el patio, hay macetas. El patio es un sitio público/privado. Cuando está la puerta abierta, pueden entrar las vecinas. Cuando está la puerta cerrada, es un sitio privado. Hace 40 años, era más común tener la cocina y el cuarto de baño en el patio.

La Calle Condesa de Orgaz está en Toledillo, un barrio donde hay muchas casas antiguas y pequeñas. Ahora, las casas más grandes de Toledillo suelen ser modernas, sin patio, con el cuarto de baño y la cocina dentro de la casa, algunas con un espacio para plantas delante.

Antes, en Toledillo había más casas pequeñas pintadas con cal, como se ve aquí, en un cuadro de 1979 (óleo sobre madera).

Saliendo de Toledillo, se ve más cal en este cuadro de 1975 (óleo sobre lienzo), de una calle por encima de la iglesia.

Y aquí está el claustro de la iglesia, en el 1977 (óleo sobre madera).

Cerca del centro del pueblo, hay poco terreno para construir, y cuando se construyen casas nuevas, suelen estar sin un espacio para plantas, como se ve en este cuadro de la Calle ‘Rompeculos’, 2004 (óleo sobre lienzo).

Es en el norte, la parte más llana del pueblo, donde se ve más edificios modernos, mientras, al subir hacia el casco antiguo, los edificios suelen ser más pequeños, como se ve en este cuadro de la calle Santa Ana, del 2013 (óleo sobre lienzo).

Estos cuadros nos muestran algunos cambios vistos desde la calle que también dan una idea de los cambios dentro de las casas. Ahora hay menos puertas antiguas, ni casas con la entrada a un patio, un espacio que puede ser público o privado, según los deseos de los habitantes de la casa. Los patios ofrecen un ambiente agradable, donde se puede crear sombra en verano con una parra o un toldo, y dejar la puerta abierta facilita los contactos sociales.

Carlos Gorrindo nos muestra la evolución y los cambios del pueblo en las últimas décadas. Reflejan los cambios en el estilo de vida local. Ya no se cose en la calle. Es más fácil calentar una casa moderna en invierno si la cocina y el cuarto de baño están dentro de la casa. Tienes más ganas de ducharte si el cuarto de baño esté calentito. En verano, se puede poner el ‘aire’ y ver la tele, en vez de sentarse fuera con los vecinos. Ahora hay más habitantes con coches, y las calles se usan como aparcamiento.

Vivimos en un mundo más ‘moderno’ con coches y ‘aire’. Pero la disminución de espacios públicos agradables también provoca cambios en nuestro estilo de vida, sobre todo reduciendo las oportunidades para los contactos sociales. Antes había más rincones y detalles en las calles como ‘’poyos’’, piedras y peldaños donde las personas mayores se sentaban para charlar. Se ha quitado estos detalles para facilitar el movimiento de los coches. Pavimentar las calles significa un aumento de la temperatura después del atardecer en verano, y también el aire caliente que sale de los aparatos del ‘áire’. También hay más coches aparcados. Ahora no es tan agradable estar sentado en la calle y se han disminuido los contactos sociales.

Los contactos sociales son buenos para la salud física y mental, sobre todo para la gente que no sale al trabajo o a la escuela, por ejemplo, los mayores, las madres, y los que trabajan o estudian en casa. También poder jugar con sus amigos ayuda al desarrollo de los niños. Para los jóvenes es importante tener sitios de encuentro para hacer deporte, o simplemente para hablar o mirar a sus móviles. Una ventaja que puede ofrecer un pueblo frente a la ciudad es la calidad de vida, un lugar donde pueden crecer los niños saliendo a la calle, los jóvenes pueden salir de sus apartamentos, los que trabajan pueden relajarse al aire libre, y la gente mayor goza de más contactos sociales.

Cuando un pueblo se abre a los coches, el papel de las plazas públicas y los parques toma más importancia como sitios donde los vecinos pueden charlar, y los niños pueden jugar. En Lagartera, están los portales en la Plaza de la Constitución, La Corredera, donde juegan los niños, y un rincón de la Plaza de la Fuente con bancos y árboles.

De las tres plazas principales, la Plaza de la Fuente es la que más ha cambiado, como se ve en este cuadro de hace unos 40 años (óleo sobre lienzo),

y en éste, pintado con más detalle, en el 1983.

Ahora, el Polideportivo es el más cuidado de los parques, y sobre todo atrae a los jóvenes, niños, y madres. También se ha puesto algunos bancos y árboles, por ejemplo, en frente de la residencia.  Habrá que ser más creativo en la parte de arriba del pueblo donde hay menos sitio para crear pequeños espacios agradables, con una vista bonita, sombra en verano, y un sitio donde sentarse. Tiene sentido poner bancos donde más se va a aprovechar de ellos, por ejemplo, para que descansen los que van a la compra, y donde más se pasea, incluso fuera del casco urbano.

Nos gustan el aire en verano, el cuarto de baño calentito, y poder viajar donde queramos sin tener que esperar el autobús. Estos avances traen consigo la necesidad de pensar más en los espacios públicos, y que los que toman decisiones escuchen a todos los que usan estos espacios, como los hombres que quieren descansar después del trabajo, las madres, la gente mayor, y los jóvenes. Así se puede mejorar la calidad de vida para todos.

Texto: Alison Lever, Lagartera, diciembre 2021

Gracias a Ramón López de Lucio por sus comentarios sobre este artículo.

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