Balcón Lagarterano. Ingar (Madrid) 1/1935 no 13, p 417

Nací en el 1932, y mis primeras memorias son del final de los años treinta. Soy la segunda de ocho hijos. Mi padre fue jornalero, trabajando en el campo, mientras mi madre cuidaba los hijas/os y ganaba como labrandera.

Lo que comíamos

Por las mañanas se desayunaban sopas y un torrezno. Muchas veces se hacían migas. En unas casas se hacían migas por la mañana y en otras sopas y torreznos para detrás. Al mediodía se hacía cocido con garbanzos y tocino y una patata. Algunos si tenían perras compraban un cacho de carne. Por las noches se cenaba arroz y patatas o sopas de pan.

Entonces hubo muchos niños enfermos y mujeres mayores tuvieron problemas y tuvo que ver con lo que se comía. Entonces no se comía tanta verdura como ahora. La gente del pueblo que tenía huertas de riego vendía lo que cultivaban. Había muchos huertos y se cultivaba mucho. 

Hortelano lagarterano. Foto: Francisco Andrada Escribano (1874-1977), en Oasis (Madrid) 11/1934, no 1, p37

No venían de la Vera a vender verduras. El queso si se comía y ese si venían de La Vera a venderlo. Era queso de cabra. Aquí no había cabras. Venían de Madrigal y Candeleda. Venían mujeres y hombres con burros y lo vendían por las calles.

Cuando yo crecí se comía muy poco pescado. No era como ahora. No, no, no. Hay una familia en el pueblo que de apodo se llaman “los peceros”. Ellos la mujer y el marido y los hijos se dedicaban a coger peces de los charcos. Entonces llovía mucho, más que ahora y se hacían muchos charcos en los caminos y en los montes y se criaban peces, se les echaba una hierba parecida al hinojo para pescarlos.

Por las tardes en la merendilla a veces se comía sardinas de cuba. Venían en una caja redonda de madera. No se vendían en la pescadería, se vendían en las tiendas.

La madre de Rosita iba con una mula a la estación del tren a por el pescado fresco. Llegaba en un mercancías, en cajas de madera. Traían sardinas y pescadillas pequeñas. Pescado menudito. Esto fue muchos años después.

Bacalao también se vendía. Bacalao seco, también se vendía en las tiendas. ¡Ay madre! Hace muchos años de eso, de chica me decían vete a casa de tio Francisco “el arrecío” a por una cola de bacalao que vamos a poner arroz con bacalao y patatas. Pero era nada más que para chupar. Entonces se pedía dame una o dos pesetas de bacalao. Se vendía por muy poco dinero.

No se comía marisco ni nada de eso. Antes tampoco se comía tanto dulce como ahora. Solo en las bodas, dulces hechos con miel, las mangas y las floretas y la empanada de milhoja con calabaza cocida con miel.

Cómo se cocinaba y se calentaba la casa

Cocina en el museo de Lagartera

Se cocinaba con leña y a la lumbre. No se calentaban los dormitorios con nada. Se hacía la lumbre en la cocina, en la chimenea ya era para toda la casa. Las lumbres que se hacían antes no calentaban toda la casa. Estaban los braseros de picón. Entonces se pasaba mucho frío.

Las camas no se calentaban, si estabas mala se ponía una bolsa de agua caliente.

La ropa y los zapatos

No había pijamas. Después de la guerra sí empezaron a usarse. Dormimos con la camiseta o camisa y en bragas y calzoncillos, y varias mantas. Mi madre nos compraba ropa una vez al año. No se podía pasar de una hermana a otra porque se rompía del uso. Para los domingos se tenía la toca del domingo diferente a la de la semana. Usábamos vestidos no había trajes.

Todas las familias se vestían poco más o menos. Después de mucho tiempo sí se fueron modernizando, pero a lo primero no. Todas/os igual y había muchas que vestían de lagarterana. De mi edad había muchas vestidas de lagarterana.

Teníamos zapatillas. Botas no teníamos. Algunos de los ricos, pero vamos, los ricos tampoco tenían muchos zapatos. Entonces toda la gente usaba zapatillas. Yo he estado descalza, antes en tiempos de la guerra, cuando era chica. En invierno teníamos unas sandalias de goma y nos salían pupas y sabañones en los pies. Había de todo. Eso fue cuando la guerra después se empezó a vestir y calzar de otra manera. Después de la guerra se iba la cosa creciendo y se podían comprar más cosas, la vida iba a mejor. Las zapatillas se traían de fuera. Aquí no se hacían zapatillas de esparto. Tampoco se hacía tela. No había telares. Yo no los he conocido.

Los colchones los hacíamos nosotras. Yo cuando me casé me hice mi colchón de lana. Todos los años se ahuecaba. Se sacaba la lana y se lavaba la tela. Se limpiaba la lana con un arnero y se ahuecaba se ponía en montoncitos y se volvía a colar sobre la tela para cerrar otra vez el colchón. Se hacía con el buen tiempo en verano.

Aquí la lana se hiló hace muchos, muchos años.

Cómo se lavaba la ropa

Para lavar la ropa no había lavadoras. Se iba al campo, a los huertos donde había pozo y pila y allí se lavaba. Se lavaba en el Pozo Martín, allí hubo diez o doce pilas y allí nos reuníamos las mujeres y se hablaba mucho. Se lavaba muy bien. Lavabas las ropa y la tendías al sol a solear y se volvía a lavar y otra vez a solear y luego se aclaraba y de nuevo al sol para llevarla seca. Se lavaba con jabón casero. No había detergente.

Los domingos nos cambiábamos de ropa y los lunes se iba a lavar y entre semana se volvía a lavar. No se cambiaba de ropa todos los días como ahora.

Los hombres si se iban a los montes para quince días cuando venían al pueblo es cuando se cambiaban de ropa y se lavaban. Nos llevábamos la comida al huerto y nos quedábamos allí para todo el día. Cuando las hijas eran mayores iban ellas a lavar y la madre se quedaba en casa con los más chicas/os.

Corral de Lagartera, 1932. Corral de Casa Rica, 1938. Amadeo Roca Gisbert

Higiene personal

Se sacaba agua del pozo y te lavabas las manos antes de comer. Para lavarse la gente se lavaba en una palangana o barreño con agua. Se calentaba el agua y así te lavabas. Cuando hacía buen tiempo te podías lavar en los corrales y si hacía frío en la habitación. Los hombres se bañaban en los charcos y en el río.

Vivienda ‘típica’. Dibujo de un señor que vino de Madrid para estudiar las casas tradicionales. En casi todas las casas, se veía el ‘patio’ desde la calle. Detrás estaba el ganado. Pero muchas casas tenían menos espacio, y no había tanta separación entre el ‘patio’ y el ‘corral’. Ingar (Madrid) 1/1935 no 13, p 417

Se orinaba en los corrales y en los pajares. Antes se tenía en el corral un pajar y allí se orinaba y se hacía la caca. Había estercoleros en las huertas y se recogía y se tiraba a las huertas. Se tiraba toda la basura a los estercoleros.

Las casas se limpiaban todos los años. Se blanqueaban. Se tiraba toda la basura a los estercoleros y luego se echaba a las tierras. No había tanto aseo como hay ahora.

El colegio y el trabajo

El Catón

De muy chica me quitaron del colegio, con once años me sacaron de la escuela. Mi madre tuvo muchos hijas/os y las más grandes teníamos que estar en casa ayudándola. Cuando me salí estaba estudiando El Catón. Yo no llegué a sentarme en el pupitre. Yo tenía muchas ganas de que me pusieran en el pupitre. El aula estaba distribuido; en el centro estabán los pupitres y alrededor del aula los bancos sin respaldo. Los alumnos que más sabían estaban en los pupitres pero como no fui mucho tiempo a la escuela no llegué a sentarme en ellos. No alcanzo a escribir en condiciones, me como algunas letras, que no se ponerlas. Si sé leer. Estaba con cartilla cuando me sacaron de la escuela.

Mis hermanos poco más o menos que yo. De matemáticas, sumar y restar yo de eso poco.

Mi padre era de campo y ganaba quinientas pesetas al año. El jornal se lo entregaban el día de San Pedro, en junio y se lo administraban él, Lucio, y mi madre, Sabina, para el siguiente año. También tenía doce fanegas de trigo limpias, sembraba el piojal, cebada y trigo, garbanzos y patatas. Compraban un guarro chico y le cebaban con harina de cebada todo el año. Hacían matanza y los jamones uno se quedaba mi madre para toda la familia y el otro le vendían y con ese dinero compraban otro guarro para cebarle para el próximo año. Así año tras año. Con el trigo que ganaba hacían el pan. El pan se hacía cada quince días.

Las mujeres cosíamos. Nosotras nos ponían en una servilleta pequeña y hacíamos el repulgo alrededor, luego la vainica y la sembrábamos y cuajábamos y ya está. No se calculaba nada. Para hacer un mantel, se dobla en varios pliegues y se fija el centro y de ahí se reparte el bordado, se mete un hilo para contar las cuendas y se reparten las figuras. Si sobran cuendas se reparte la figura a ojo.

Los hijos ayudaban en la economía doméstica. Los más mayores se ponían a trabajar porque los hijos van viniendo y viniendo y solo había lo que traía el padre y si el hijo traía algo, venía bien para la madre. Las hijas mayores nos quedamos en casa cosiendo y ayudando en las tareas de la casa. Salíamos de la escuela muy chicos/as a trabajar, dentro o fuera de la casa. Hemos sido ocho hermanos/as y cuando hicieron la primera comunión mi padre puso a trabajar primero a los dos hermanos varones. Ellos trabajaron primero en el campo y luego cambiaron de oficio. Mis hermanas más pequeñas que yo a los quince años se pusieron a servir.

La salud

Antes cuando la gente estaba embarazada no se miraba tanto como ahora y no sabías cómo iba a nacer. La gente no se cuidaba tanto. Yo embarazada iba a lavar al huerto en invierno y en verano. No te hacían análisis ni nada. Las mujeres dábamos a luz en casa. Yo he tenido dos y la dos han nacido en casa. No se iba al hospital. Había médico en el pueblo y comadrona pero era la comadrona  la que más hacía, la que nos lavaba y sacaba al niña/o.

Se morían muchos niños porque no había los adelantos que hay ahora ni la medicinas. A nosotros se nos murió una hermana con cuatro años. Tuvo mucha cagalera y al no haber medicinas mandaban tomar leche agria, leche con limón, se lo daban a los niños. A Calzada se iba a por las medicinas cuando aquí no las había. Ahora podemos ir a la consulta, y nos recetan medicinas que podemos comprar en el pueblo.

Filomena García Herrero, Lagartera, Toledo, 12 enero del 2024

Dos artículos interesantes:

Las casas lagarteranas: Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España (bne.es)

El traje: Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España (bne.es)